Latinos: Tras el sueño de la casa propia

La Opinion: OpEd
07 de diciembre de 2003




Mara Marks, Ph.D. and Fernando Guerra, Ph.D.

Los Angeles se construyó sobre grandes sueños y trabajo duro. El sueño de ser propietario de una vivienda ha sido la base de la vitalidad económica y estabilidad social desde tiempo de los colonos, pasando por los inmigrantes de la Gran Depresión a los veteranos que volvían de la Segunda Guerra Mundial -y para subsecuentes oleadas de recién llegados de todo el país y el mundo.

Tristemente, la ambición y optimismo de gran parte de los residentes de Los Angeles no está dando fruto porque el sueño de tener una casa no está su alcance, pese al duro trabajo y al ahorro continuo.

Para los latinos, que son la clase media emergente en Los Angeles, así como el futuro de la región, la situación es particularmente trágica. El mercado de la vivienda en el condado de LA les quita a las familias latinas la oportunidad de hacerse dueños y los arroja en brazos del inquilinato, frecuentemente en lugares poco recomendables.

Para ponerlo en términos simples, el mercado de la vivienda en el condado de Los Angeles está fallándole a su población más grande. Henry Cisneros, ex secretario federal del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, hizo la siguiente observación: "El alto costo de la vivienda y la falta de disponibilidad representan un talón de Aquiles para el sur de California. Especialmente con una economía débil, no nos podemos dar el lujo de pasar por alto esta realidad".

A fin de salvaguardar el sueño americano para el grupo demográfico más grande del área, LA necesita más vivienda así como préstamos de menos costo y de mayor calidad.

El condado de Los Angeles tiene una de las más bajas tasas de propiedad de vivienda del país, pero los latinos salen particularmente mal parados. Apenas el 38% de los latinos son propietarios de sus hogares, en comparación con el 58% de los anglosajones. Y, comparados con los no latinos, las familias hispanas que alquilan vivienda tienden a vivir en una de inferior calidad y más hacinados. Además, el alquiler les consume porción mayor del ingreso doméstico.

Una causa central del problema es la deprimente tasa de creación de vivienda en Los Angeles. Por cada 30 latinos que se residencian en el condado de Los Angeles sólo se construye una casa. El acceso al capital es otra parte del problema. Los latinos componen el 45% de la población, pero reciben solamente el 17% de los préstamos de nueva vivienda. Los latinos que sí reciben préstamos de vivienda suelen, por otra parte, estar cargados con hipotecas de términos menos convenientes que los blancos de similar nivel socioeconómico. A medida que los precios continúan disparándose, el sueño de tener casa se escapa de las manos. Entre 2002 y 2003, el precio medio de la vivienda subió un 25% en el condado de Los Angeles.

La baja tasa de propiedad implica que Los Angeles está perdiéndose un motor poderoso que genera riqueza individual y estabilidad comunitaria. El capital líquido del que dispone el dueño de vivienda constituye casi el 45% de los bienes totales de una familia. Otros beneficios financieros de ser dueño de casa incluyen los subsidios que se reciben en impuestos estatales y federales gracias a la deducción de interés hipotecario y el poder de obtener préstamos sobre el valor neto de la vivienda. Además, del ahorro que conlleva la amortización mensual de la hipoteca. En adición de promover la seguridad económica, el ser propietario de vivienda es factor clave a la hora de crear comunidades fuertes ya que promueve la estabilidad del vecindario, la seguridad pública y la participación cívica.

Trabajando conjuntamente, los funcionarios electos, los constructores, la banca hipotecaria y el público general -todos- pueden mantener vivo el sueño americano, no solamente para los latinos sino para todo LA. La construcción de vivienda debe aumentar. Esto se traduce en que debemos balancear nuestra justa preocupación por el medio ambiente y la personalidad de los vecindarios existentes con la necesidad urgente de más viviendas.

Para incrementar el abastecimiento de vivienda de calidad a precio razonable, debe ponerse el énfasis en incentivos positivos que animen a los constructores y a los prestamistas a explorar las oportunidades de inversión en el diverso mercado de vivienda de LA. Una forma más que adecuada sería la de agilizar los procesos reguladores y legales. Además se necesita gran flexibilidad para animar a que se construya vivienda multifamiliar y costeable. Donde sea aplicable, deben reducirse los requisitos de tamaño mínimo del terreno a fin de que se cree vivienda de alquiler y de propiedad. Las ciudades que exigen que el constructor reserve una parte de los nuevos proyectos de vivienda al alquiler o venta bajo por debajo de los precios de mercado deberían adoptar provisiones de construcción y bonos de densidad.

Las ciudades de todo el condado de LA deben seguir el ejemplo positivo dado por las ciudades de Los Angeles y Pasadena que dan prioridad a la construcción en terrenos baldíos, y a proyectos de uso mixto que integran la vivienda familiar en el seno de una área de escuelas y comercios, bien conectada vialmente.

Los latinos de LA han demostrado una capacidad notable de lograr sus metas y remontar todos los retos. Los Angeles no puede permitir que esta comunidad vibrante, optimista y trabajadora se desanime, aliene o se convierta en un ente desapegado políticamente. Al trabajar conjuntamente para promover la propiedad de vivienda, podemos revitalizar Los Angeles, como lugar donde soñar sí paga, y el trabajo duro se traduce en sueños logrados.

Los doctores Mara Marks y Fernando Guerra dirigen el Centro para el Estudio de Los Angeles, Universidad Loyola Marymount de Los Angeles. Ellos estuvieron a cargo del área de vivienda en el proyecto "Scorecard Latino 2003" auspiciado por la United Way.